RELATOS DEL DESENCANTO: “EL MALESTAR AL ALCANCE DE TODOS”, DE MERCEDES CEBRIÁN

Retomo la actividad en el blog tras el parón navideño para hablar de la narrativa corta de Mercedes Cebrián (1971),  joven autora madrileña cuya obra poética constituirá el tema central de mi trabajo final de la asignatura. Y lo haré centrándome en su brillante debut literario (debut desde un punto de vista editorial, pues la autora ya había publicado algunos relatos en revistas y medios de difusión limitada), la original e incisiva colección de cuentos y poemas El malestar al alcance de todos (2004, Caballo de Troya), por ser, además de la obra que mejor sintetiza la corrosiva mirada de su autora hacia la realidad idiotizada y alienante del mundo global, la obra que la consagró como una de las autoras más prometedoras de la narrativa corta española.

La obra transgénero de Cebrián obtuvo, desde el mismo momento de su publicación un gran reconocimiento crítico, y ello a pesar  que el  mayor peso conceptual e intencional del conjunto recae en los catorce relatos y no en los poemas: en efecto, el género de la narrativa corta suele ser un género menos estudiado que la poesía,  y a nivel crítico y editorial suele obtener una atención  e impulso para nada comparable con la de la novela extensa. Es un género, que, además, suele proliferar en los últimos tiempos a través de cauces alternativos a los del mercado editorial principal (en blogs, revistas literarias, fanzines, editoriales periféricas, a través de la autoedición…), y solo cuando sus creadores han  reunido  un volumen importante de cuentos y, sobre todo, cuando han alcanzado prestigio (ya sea crítico o comercial, cuando no ambos), las editoriales “grandes” se atreven a dar el paso de publicarlos; o bien, a incluir alguno de sus cuentos en antologías temáticas (de terror, de ciencia ficción…) o generacionales (como la citada en una entrada anterior del blog, Páginas amarillas). Parece, en todo caso, que son más bien razones comerciales las que motivan la poca visibilidad de los autores jóvenes que se dedican principalmente al género cuentístico: así, nombres  que han demostrado sobradamente su maestría en el campo de la narrativa breve como Juan Bonilla, Sergi Pamiès, Andrés Neuman, o la propia Cebrián, siguen siendo grandes desconocidos para una parte importante del público lector; un público que, sin embargo, no parece rechazar las colecciones de relatos firmadas por algún autor superventas (Galeano, Millás, Bolaño, o en el caso catalán, Monzó, por citar a algunos).

Por esta razón,  y aprovechando que actualmente estoy trabajando sobre esta y otras obras de la autora madrileña (especialmente sobre el poemario Mercado Común,  publicado por Caballo de Troya en 2006)  considero importante dedicar al menos una entrada del blog a este subgénero narrativo, en el que Cebrián se desenvuelve como pez en el agua (de hecho, en el caso de El malestar al alcance de todos la calidad de los poemas y los relatos es muy desigual, por lo que algunos críticos han llegado a considerar que aquellos son un “mero aliño” de estos últimos, con una función complementaria que sería “iluminar temas y trasfondos” de los cuentos). Su contrastada pericia narrativa, junto a criterios generacionales, técnicos y temáticos, ha llevado a algunos críticos a incluirla en la “Generación Nocilla”; ella misma, sin embargo, se ha desmarcado del movimiento, y tal categorización resultaría en todo caso incompleta, pues su obra poética se enmarca en la corriente de Poesía de la conciencia crítica, y bebe prácticamente de sus mismas fuentes estéticas e ideológicas.

Lo primero que se puede decir de la obra es que se trata, en conjunto, de una disección satírica y cruel (una crueldad serena y no airada) de algunos de los males del mundo desarrollado contemporáneo, de esa sociedad  de consumo que esconde, bajo el mantra machacón de conceptos grandilocuentes como Progreso o Bienestar, un sistema de relaciones inhumano y degradado, en el que los hombres y mujeres se relacionan movidos por el egoísmo e insolidaridad, esto es, por un puro instinto de conservación individual (he aquí la terrible paradoja: la sociedad de Bienestar, que aparentemente persigue el bien común y la felicidad colectiva, acaba por convertirse en la sociedad del “Sálvese quien pueda”). Una disección crítica que, en todo caso, no procede a través de una denuncia panfletaria y pretenciosa de los grandes problemas que nos aquejan, sino  través de una mirada irónica, llena de humor e ingenio,  que parodia y hace sarcasmo de las pequeñas tiranías pequeñoburguesas que denotan, sí, una deriva  global absurda, en la que lo único que importa es el valor de cambio de los objetos y personas y que uniformiza paradigmas culturales, formas de pensamiento y usos sociales (ideas que la autora compendia a la perfección la interesante novelita Cul-de-Sac [2009, Alpha Decay]).

Por ello, en lugar de optar por un realismo social canónico, como parecería exigir una crítica más solemne, Cebrián echa mano de las más variadas técnicas y recursos narrativos (lo que amplifica el carácter proteico y múltiple de la obra sin romper su unidad), pero huyendo del experimentalismo espurio y optando por la claridad, espontaneidad y ligereza de su discurso (poético y narrativo): todos los relatos están en primera persona, llenos de refranes, lenguaje coloquial, y  plagados referencias muy directas a elementos definitorios del mundo actual; el estilo es, pues, siempre inteligible, y su mensaje, pese a una constante e hiperbolizada ironía, muy claro, sin que eso suponga merma alguna de la calidad literaria.

Sí que resulta quizá más complicado para el lector no avezado desentrañar el amplísimo espectro de referencias metaliterarias e hipertextos que pueblan los relatos, que denotan un bagaje cultural envidiable; pero esta circunstancia quizá no importa tanto, pues el culturalismo que la autora insufla a sus cuentos no es nada abigarrado y sale a la luz de manera natural, sin exigir tediosas búsquedas enciclopédicas al lector. Un culturalismo que empieza ya desde el título mismo: El malestar al alcance de todos, además de encerrar una ironía evidente respecto a la sociedad de Bienestar, es una parodia de la famosa obra de Freud: el malestar en la cultura.

No podemos analizar aquí con todo detalle cada uno de los catorce relatos que forman parte la obra, pues cada uno de ellos se sirve de personajes, motivos y técnicas distintos y ello exigiría dedicarle un artículo mucho más extenso y especializado, pero si podemos dar una idea general de aquellos aspectos que son más recurrentes, pues son los que dan coherencia y unidad al conjunto:

En el aspecto temático, podemos resaltar en primer lugar la banalización del amor (“Aluminosis”) y la degradación del mismo por los complejos e inseguridades que nos infunde la sociedad de la apariencia (“Algo resentido de este pie”), que convierte  matrimonios y relaciones de pareja en entornos disfuncionales, hostiles a la conservación de la identidad propia (“Del verbo perder”) en los que la búsqueda de felicidad se ve sustituida por una estabilidad engañosa y vacía. Y dentro de este tipo de relaciones sale a  la superficie constantemente el machismo, como una lacra atávica que  se expresa a través de nuevas formas, más “amables” si se quiere, pero igualmente fundadas en la idea de la dominación tiránica de la mujer por el hombre.

Otro de los grandes temas es la reflexión sobre el lugar de la cultura y de la literatura en la sociedad de consumo: es aquí donde Cebrián despliega su vasto conocimiento del estado actual de la literatura de nuestro tiempo, del funcionamiento interno del mundillo editorial, así como de una crítica literaria cada vez más elitista y esnob (la propia autora, doctorada en Estudios Hispánicos por la Universidad de Pensilvania, se dedica regularmente a reseñar y estudiar obras de otros autores, por lo que el conocimiento de esta realidad tan parodiable es ante todo experiencial): pueden destacarse, en este sentido, los geniales “Retóricos anónimos” y “Libro de familia”.

Por último (aunque  podrían citarse muchos otros tópicos), es una constante la reflexión sobre el fracaso, sobre la pérdida de ambición y la ausencia de expectativas que define la actitud existencial del hombre. Una actitud de desencanto cotidiano, que no aboca a la reflexión existencialista desesperanzada, sino que es asumida con naturalidad y  resignación por el hombre. Será esta una idea central que unifica buena parte de los relatos, aunque los motivos y tópicos varíen: el fracaso en el plano laboral (“Material de oficina”), el fracaso de las ensoñaciones de la sociedad tecnológica (“Los cuatro jinetes”), o, una vez más, el fracaso afectivo (“El mueble auxiliar”).

Dese el punto de la actitud, ya hemos dicho que ante todo prima el humor, el sarcasmo y la mirada sardónica hacia una realidad de apariencia colorida pero terriblemente alienante, en la línea de autores americanos como Delillo o Foster Wallace, que aparecen como referentes ineludibles de la autora. Hay, por lo tanto, una voluntad expresa de atizar con el látigo a un mundo esquizofrénico, pero no a través de la crítica de trazo grueso, sino a través del ingenio y la risa.

Para terminar, desde el punto de vista de la técnica narrativa, hay que decir que, frente a obras posteriores como La nueva taxidermia (2011, Mondadori) o la ya citada Cul-de-sac (2009, Alpha Decay), en las que la autora toma partido por la nouvelle (novela corta-relato largo), en este caso  opta decididamente por el relatos muy breves, de tipo intensivo, cerrados (en cualquier caso, la autora huye por igual de la circularidad y de los finales abiertos; no así del tradicional recurso a la sorpresa final, al giro de la trama con el que logra que los relatos adquieran una entidad autónoma e independiente), y en los que se vale de  múltiples recursos tomados de los grandes renovadores de la narrativa del siglo XX (el monólogo interior es absolutamente predominante), pero también de la narrativa costumbrista decimonónica (la sombra de Larra es siempre alargada), de la ciencia-ficción, del género epistolar o del género fantástico.

En conclusión, podemos decir que pese a su brevedad, El malestar al alcance de todos es una obra que justifica por sí sola, por su enorme perspicacia, amenidad y calidad literaria, la inclusión de Cebrián entre la nómina de autores con más proyección en el panorama de la narrativa contemporánea. Una autora versátil que, asimismo,  debería ocupar un lugar más destacado entre los poetas españoles contemporáneos, pues  aunque su producción lírica, que alcanzó sus mayores cotas de calidad en Mercado común (2006), sea  aún muy corta, ocupa un lugar muy destacado el ámbito de la nueva poesía de corte social, por su carácter declaradamente anticanónico, personalísimo y  profundamente crítico con un sueño europeo que se ha derrumbado ante nuestros ojos.

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